Mi cabeza es redonda y suave.
Mi cuerpo fino y delgado.
A veces me llaman por mi nombre femenino.
Otras por el masculino.
Inerte, y sin movimiento, parezco inofensivo.
En movimiento soy todo un peligro.
En realidad, no tengo sexo. Y no soy ningún angel.
Más bien parezco hijo del demonio.
No pienso. Pero hay quien me busca aunque y donde sea imposible encontrarme.
Hay que ir con cuidado conmigo cuando me estás buscando.
Cuando me cojas, no te relajes, aumenta tu precaución.
Llámame aguja, llámame alfiler.
Pero sabes que te heriré.

Muy pero que muy bueno y sobre todo, reflexivo.